SOCIOS Y PRIORIDADES GEOPOLÍTICAS
SOCIOS Y PRIORIDADES GEOPOLÍTICAS

Por: Daniela Lugo
Cuando existe incertidumbre geopolítica, la atención internacional gira más hacia las cuestiones que tendrán consecuencias positivas en el largo plazo, que a problemas bilaterales entre diferentes aliados. Tal fue el caso de la frialdad que vivió Canadá la semana pasada después las fricciones con India surgidas del asesinato del activista indio Hardeep Singh Nijjar en territorio canadiense. Situación que ninguno de sus aliados consideró lo suficientemente pertinente para pasarla a primer plano en medio de la carrera por la construcción de alianzas estratégicas para el nuevo orden mundial. Si bien ésta es una cuestión que no se puede ignorar, en medio del reacomodo global, Ottawa se queda rezagado.
Primeramente, vale la pena explicar qué pasó. Hardeep Singh Nijjar fue un activista del Sijismo: Religión con más de 25 millones de creyentes de los cuales 780,000 aproximadamente residen en Canadá. En 2020, el gobierno de India denominó a Nijjar como terrorista por presuntamente estar a la cabeza de la Fuerza del Tigre de Jalistán (KTF, por sus siglas en inglés). Milicia que promueve la creación de un Estado independiente para los sijes que incluye partes de Punyab. El 18 de junio de este año, Nijjar fue asesinado afuera de un templo sijista en Surrey, ciudad en la provincia canadiense Colombia Británica. Lo que se denunció como un crimen de odio parte de la comunidad de los sijes y derivó en fricciones para la relación Ottawa – Nueva Delhi por la atribución de responsabilidad que el Primer Ministro Justin Trudeu hizo a éste último.
Asimismo, las autoridades canadienses abrieron una investigación a lo que se presume como un ataque ejecutado por agentes del gobierno indio en Canadá. Nueva Delhi consideró esta acción como una ofensa diplomática, ya que incluso uno de sus enviados diplomáticos que estaba al frente de los aparatos de inteligencia para la nación en Ottawa fue expulsado. India continuó por rechazó todas las alegaciones y suspendió sus servicios diplomáticos en el país, como la emisión de visas a canadienses que buscan viajar a territorio indio. En medio de un escenario internacional complicado, las dos partes comenzaron a responderse con acciones en materia de diplomacia.
Como consecuencia, esto ha generado una frialdad entre dos socios relevantes, cada uno a su manera, para Estados Unidos, así como una incomodidad para los aliados en el curso del establecimiento de un frente unido. Actualmente, mantener una relación fuerte con India tiene más peso que generar más controversia dentro de la comunidad internacional por lo ocurrido. De ahí que las declaraciones de los miembros de Cinco Ojos, alianza de inteligencia de la cual Canadá es parte, hayan sido ambiguas y se reservaran de denunciar a Nueva Delhi públicamente. Esto debido a que Occidente en este momento opta por alianzas que favorezcan la cohesión de un sistema internacional a su favor.
Finalmente, es claro que el problema de Canadá es que en el juego geopolítico de hoy no cuenta con la misma importancia geoestratégica que India. Es tal este factor que, en medio de la tensión, el 28 de septiembre, poco después del G20, Nueva Delhi y
Washington sostuvieron uno de los encuentros diplomáticos de alto perfil entre sus respectivos ministros de relaciones exteriores. Esto deja ver que, aunque Ottawa es fundamental en la zona de influencia de Occidente en el continente americano, las nuevas dinámicas de poder se concentran en Asia para hacer frente a Pekín. Por lo que preservar la cooperación con la nación india es clave para mitigar el creciente protagonismo de China y, con ello, asegurar la hegemonía de Estados Unidos. Todo esto siempre en favor del “balance de poder” que, evidentemente, demanda que las prioridades cambien. Por ahora, Canadá toma el segundo lugar.