A 60 años del cierre de la prisión de Alcatraz

2021-04-05
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Por: Irving Berumen Quiñones

Fue la isla con el primer faro de la costa oeste estadounidense, construido a mediados del siglo XIX para guiar a los barcos en el Pacífico. Fue un fuerte con fines defensivos y un centenar de cañones listos para proteger a California de cualquier ataque marítimo. Fue también una reserva natural de pelícanos, de los que heredó el nombre.
Pero la fama de Alcatraz se cimentó en los años en que este peñasco frente a la bahía de San Francisco, en el norte de California, albergó una prisión federal de alta seguridad y fue hogar forzado de algunos de los gansgters más temidos de Estados Unidos.
Entre 1934 y 1963, “La Roca” –como se la llamó- fue el centro de reclusión modelo al que se trasladaba a criminales considerados demasiado peligrosos para otras cárceles del continente, con el fin de enseñarles a comportarse tras las rejas.
Hace casi 60 años, tuvo lugar su fuga más famosa: en parte porque de los tres reclusos nunca volvió a saberse, pero también porque, tras ella, el gobierno estadounidense ordenó el cierre de la prisión. Sin embargo, la leyenda construida alrededor de sus celdas continúa alimentándose de las narraciones orales y del cine de Hollywood.
Tenía a los criminales más temibles Según la Oficina Federal de Prisiones (BOP, en inglés), la población carcelaria en Alcatraz se mantuvo siempre por debajo de la capacidad máxima del recinto. En promedio, albergó entre 260 y 275 prisioneros, apenas 1% del total de reclusos a nivel federal. Pero fueron los personajes tras las rejas los que ayudaron a cimentar la leyenda: grandes nombres del crimen organizado en la era de la Gran Depresión.
El más conocido fue sin dudas Alphonse “Al” Capone, mafioso y contrabandista líder de una aceitada organización criminal con base en Chicago. Capone fue enviado a la isla californiana porque, según las autoridades, su reclusión previa en una cárcel de Atlanta no había bastado para que dejara de mover los hilos de sus actividades delincuenciales. Pasó allí poco más de cuatro años, hasta que fue diagnosticado con sífilis y trasladado a otro centro.
Otro personaje cuya fama trascendió los pasillos de la prisión fue Robert Stroud, condenado por asesinato. Lo apodaban “el pajarero de Alcatraz” por su afición a las aves: había tenido varias durante su confinamiento previo en Kansas, pero aquí no estaban permitidas las mascotas y debió conformarse con despuntar su pasión por la ornitología en manuscritos autobiográficos.
Alvin Karpowicz, apodado “Creepy Karpis”, fue el “enemigo público número 1” en la lista del FBI en los años ‘30 y el preso de más larga estadía en Alcatraz: 25 años y un mes. También pasaron por estas celdas el gangster George “Machine Gun” Kelly Barnes y Rafael Cancel Miranda, miembro de Partido Nacionalista de Puerto Rico y responsable de un ataque armado contra el Capitolio de Washington en los años ‘50.
Nadie podía “escapar” Los arquitectos pensaron Alcatraz como una prisión inexpugnable, de cercas electrificadas, alambres de púa y torretas con custodios armados. Pero nada impidió que decenas de reclusos intentaran la huida: los registros oficiales dan cuenta de 14 intentos a lo largo de casi tres décadas, que involucraron a 36 personas. Según la BOP, 23 de ellos fueron recapturados, seis murieron de bala durante la fuga y otros dos, ahogados.
Pero otros cinco jamás fueron hallados: las autoridades los catalogan de “desaparecidos”, aunque los más escépticos sugieren que podrían haber tenido éxito en sus empresas.
La primera de las fugas orquestadas con osadía se registró en 1936, dos años después de la inauguración de “La Roca” como prisión federal, y fue un intento rústico y desesperado: un tal Joe Bowers decidió escalar la pared del presidio y fue baleado por los guardias al no acatar la orden de descender.
Otros más elaborados ocurrieron a mediados de los años ‘40. El de John Giles, en 1945, fue casi exitoso: con ropas militares robadas y documentos falsificados, logró abordar una embarcación militar y llegar al continente, pero a último momento las autoridades notaron que su uniforme era distinto al de los demás y procedieron a detenerlo. En 1946 se frustró la huida más violenta en el historial del centro: en la llamada “batalla de Alcatraz”, seis reclusos consiguieron armas de fuego, mataron a dos vigilantes e hirieron a otros 18, pero no lograron escapar.
Los dos últimos intentos tuvieron lugar en 1962 y sellaron el final de Alcatraz como prisión, hace 50 años: primero, los reclusos Frank Morris, Clarence y John Anglin huyeron sin dejar rastros, salvo algunas pertenencias halladas en la cercana Angel Island, y fueron registrados en los informes como “presuntamente ahogados”; luego, John Scott y Darl Parker lograron vencer los barrotes y salir por una cocina en el subsuelo, aunque fueron interceptados en las aguas aledañas a la isla

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